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Las lavadoras y la libertad de las mujeres

2019/07/10 10:00


Las lavadoras son un invento que muchos dan por sentado. En la actualidad, se han convertido en tecnología indispensable para buena parte de los hogares del mundo. A pesar de ello (o quizás por eso), no somos conscientes del impacto económico que han tenido las lavadoras en nuestras vidas. Sobre todo en aquellas personas que históricamente han realizado el trabajo doméstico: las mujeres.

¿Qué importancia tienen las lavadoras en la vida de las mujeres? ¿Por qué fueron un invento revolucionario y liberador?

La revolución doméstica

El siglo pasado fue marcado no solo por la Segunda Revolución Industrial y el desarrollo de la electricidad, el motor de combustión interna y la industria petroquímica; sino también por el inicio de la “revolución doméstica”. Así lo indica el trabajo de Jeremy Greenwood, Ananth Seshadri y Mehmet Yorukoglu, titulado “Los motores de Liberación”. Según el estudio, la revolución doméstica dio paso al consumo de productos que ahorran trabajo manual y tiempo, tales como lavadoras, aspiradoras y alimentos congelados.

A finales del siglo XIX, era común que las mujeres trabajaran desde casa. Sin embargo, ello empezó a cambiar con el progreso tecnológico ―en el ámbito doméstico― y la adopción de estas nuevas tecnologías.

Primeras formas de lavado

El escritor americano Bill Bryson, en su libro “En casa: Una breve historia de la vida privada”, explica que antes de la década de 1850, en Inglaterra, y ante la falta de detergente, el trabajo de lavado era un proceso engorroso. La ropa debía remojarse en agua jabonosa o lejía por horas. Luego del fregado, las prendas se hervían durante una hora o más, se procedía con el enjuagado y, finalmente, se escurrían a mano y se colgaban al aire libre.

Bryson comenta también sobre el uso de orina o soluciones diluidas en excremento de aves utilizadas para blanquear el lino. Sin embargo, la ropa quedaba con el olor impregnado, con lo cual era necesario un enjuague adicional con extracto de hierbas. El autor agrega que, en ciertas ocasiones, las mujeres dejaban el trabajo de almidonar la ropa para el día siguiente porque tomaba tiempo. Todos los procesos de lavado se hacían con la ropa separada por colores. Esta rutina no solo resultaba engorrosa y prolongada, sino que también dejaba las manos de las mujeres hinchadas, agrietadas y con llagas.

La situación era similar en EEUU. Así lo indica Sarah Skwire, investigadora principal de Liberty Fund, quien señala que durante la década de 1920 las mujeres se tomaban 11.5 horas por semana lavando ropa.

El panorama fue cambiando hacia 1965 a medida que el mercado fue permitiendo que más hogares tengan acceso a lavadoras o lavanderías. Como consecuencia, el tiempo promedio de lavado se redujo a menos de siete horas a la semana. Para esos años, el uso de lavadoras también se generalizó en muchos países de Europa. Esto permitió que las mujeres pudiesen ocupar más tiempo en otras actividades.

Actualmente, los estadounidenses invierten menos de dos horas a la semana en las tareas de lavado. 

Liberación de las mujeres

La investigación de Chelsea Follet "How markets empower women" plantea que la introducción de estas nuevas y mejores tecnologías ayudan a explicar el aumento de la participación femenina en la fuerza laboral.

El crecimiento económico y la disminución de la pobreza ha permitido que el uso o acceso a una lavadora se haya expandido a nivel mundial. Un estudio (2013) de Claus Barthel y Tomas Götz, titulado “The overall worldwide saving potential from domestic washing machines”, apunta que en el 2010 aproximadamente el 46.9% de los hogares en todo el mundo tenía una lavadora. 

Un ejemplo sobre la expansión del uso de lavadoras en el mundo es China. En 1985, menos del 5% de los hogares chinos tenía una lavadora; para el 2011, el 62.57%. Ya para el 2016 el 89.4% de los hogares en China tenía una lavadora. Este mismo milenio, Panasonic lanzó en el mismo país un modelo nuevo de lavadoras que tenía un proceso de esterilización que utilizaba iones de plata y se encargaba de combatir cualquier tipo de bacteria que hubiese en la ropa interior.  

El tener una lavadora en casa se ha hecho bastante más común con el pasar de los años en el mundo, desde Brasil hasta Vietnam. Sin embargo, África sigue siendo el continente con el peor récord. Pese a que los mercados han intentado poner a venta lavadoras, una encuesta del 2016, citada por Follet, registró que menos de la mitad de los hogares contaba con una en casa. 

Las lavadoras en Latinoamerica

Un estudio de Katharine French-Fuller, publicado por la Johns Hopkins University, afirma que no hay estudios que muestren el impacto de estos dispositivos de lavado en Latinoamérica. Sin embargo, dicha investigación habla sobre la situación en Chile, en donde las lavadoras liberaron a las mujeres de “días de trabajo agotador cada semana”. Es decir, las mujeres pudieron reducir el tiempo que invertían en lavar la ropa y dedicarlo a otras actividades.

Además, los adultos chilenos en las décadas de 1960 y 1970 veían la adquisición de lavadoras como una marca de progreso, como una forma de distanciarse de la vida de trabajo pesado de sus padres. Según French-Fuller, la compra de lavadoras era una manera en la que los chilenos, de todas las clases sociales, participaban del proceso de modernización de su país.

Es así que el cambio tecnológico y el uso de estos aparatos de lavado vinculó las nociones de limpieza, respeto, clase y género, con conceptos chilenos de modernidad y progreso. Katharine French-Fuller asegura que la llegada de la lavadora no se reconoce en gran parte de Santiago de Chile y que esta no es considerada un símbolo de estatus como sí lo son el televisor o la computadora. La presencia de lavadoras en la mayoría de los hogares chilenos ha generado que su valor pase desapercibido, posicionándolo como un aparato de necesidad básica.

La autora señala que a ello se suma que la lavadora, a pesar de ser un bien con un alto valor instrumental, pierde protagonismo porque no circula como otros productos, más bien permanece oculta en el hogar sin la necesidad de ser mostrada o presumida. French-Fuller agrega que las lavadoras son un objeto “firmemente identificado con el trabajo femenino y que, hasta el día de hoy, los hombres son reacios a usarlo de manera regular”.

Cerca del 85% de los hogares chilenos cuenta con una lavadora, lo que convierte, para la investigadora, a la lavadora en “casi un derecho para la mayoría de la población”. Asimismo, la publicación reconoce que las lavadoras, refrigeradoras y las cocinas a gas son consideradas tecnologías antiguas y suponen el mínimo requerido para vivir una vida cómoda, mientras que los teléfonos celulares y las computadoras son los que miden el progreso.

Resumen

- Las lavadoras han contribuido en la liberación de mujeres de actividades domésticas.
- Esta liberación se traduce en tiempo que puede ser utilizado por las mujeres para dedicarse a otros trabajos.
- El uso de lavadoras ha dado como resultado mayor participación de las mujeres en el mercado.
- Este tipo de tecnología doméstica no solo ha aliviado el trabajo de mujeres en el hogar, sino que marca niveles de clase y género.

Por:

Enterarse

Equipo de investigación

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