El criterio de demarcación: ¿Se puede diferenciar la ciencia de la pseudociencia? | Enterarse

El criterio de demarcación: ¿Se puede diferenciar la ciencia de la pseudociencia?

2019/09/09 15:00

Foto: Pixabay

Hoy en día es común encontrarse con ciertas disciplinas o teorías que aseguran ser científicas al basarse en la experiencia. Sin embargo, al verlas más de cerca, no operan como lo hace la física, la química o la medicina. En este contexto, algunos filósofos de la ciencia han propuesto algo llamado el criterio de demarcación. El criterio de demarcación sirve para separar a las disciplinas científicas de aquellas que no lo son. Es decir, para que puedas identificar a una pseudociencia. ¿Por qué es importante tal criterio? 

¿Qué es la pseudociencia?

Hay muchas definiciones de pseudociencia; sin embargo, como explica Sven Hansson en su artículo en la Stanford Encyclopedia of Philosophy, puede entenderse como teorías, enseñanzas o actividades que, sin ser científicas, se hacen pasar como científicas.

¿Cómo? Usualmente, estas disciplinas se caracterizan por usar datos basados en la experiencia o en la experimentación para fundamentar sus hipótesis. Dado que la ciencia también hace uso de la experiencia para fundamentar sus teorías, los adeptos a pseudociencias sostienen que estas disciplinas también son científicas.

(Remedios homeopáticos. Foto: Reuters)

Sin embargo, ¿el hecho de usar la experiencia y corroborar teorías con experimentos es la esencia de la ciencia? Si fuera esto verdad, entonces disciplinas pseudocientíficas como la homeopatía serían, en efecto, científicas. Sin embargo, como mencionamos en nuestro informe sobre la homeopatía, hay evidencia de que sus métodos no son efectivos y sus teorías falsas.

Importancia de un criterio de demarcación de la ciencia

¿Por qué es importante un criterio que nos permita separar a la ciencias empíricas (que se basan en la experimentación) de otras disciplinas que también usan la experiencia? Hansson sostiene que hay algunas razones.

La primera es que la ciencia es nuestra fuente más confiable de conocimiento en una gran variedad de áreas. Por ello, muchas decisiones públicas se basan en conocimiento científicos.

Por ejemplo, el Estado peruano ha desarrollado políticas para combatir la anemia en niños, pues la investigación científica ha determinado que las consecuencias a largo plazo de esta enfermedad son negativas para su desarrollo. Lo mismo sucede con las políticas públicas para combatir la desnutrición crónica.

Sin embargo, si la información que tenemos de estas condiciones fuera falsa (por ejemplo, sus causas), entonces nuestro Estado podría estar desperdiciando amplias sumas de dinero atacando un problema con políticas inadecuadas. Por ello, es importante para la toma de decisiones públicas tener una base de conocimientos confiables.

Por ejemplo, como mencionamos en nuestro informe sobre los transgénicos, el Perú actualmente tiene una moratoria que impide, temporalmente, producir alimentos modificados genéticamente. Esta política se basa ―en parte― en la idea, promovida por ciertos sectores de la sociedad, de que estos productos podrían ser perjudiciales para la salud o afectar la economía del país. Sin embargo, diversos estudios científicos muestran que los alimentos modificados parecen ser seguros y también se han evidenciado casos en que su cultivo ha beneficiado otras economías.

Otra razón, según Hansson, para tener un criterio de demarcación es su importancia a la hora de elegir un tratamiento médico. Actualmente, muchas disciplinas que dicen usar la experiencia se muestran como efectivas para tratar enfermedades, incluso tan graves como el cáncer. Sin embargo, un tratamiento inadecuado trae consecuencias peligrosas.

¿Por qué la experiencia no puede ser lo único que define a una teoría científica?

Pero, si la experiencia no es aquello que distingue la ciencia de otros tipos de conocimiento, entonces, ¿cuál es? Este fue uno de los problemas principales que trató de resolver el Karl Popper, uno de los filósofos de la ciencia más importantes del siglo XX.

Parte de su motivación para buscar un criterio de demarcación de la ciencia fueron sus experiencias en la juventud. Antes de estudiar formalmente en la universidad, Popper se unió a la Asociación de Estudiantes de la Escuela Socialista y ―por un tiempo― fue marxista. Sin embargo, rápidamente se decepcionó de esta teoría y la abandonó. Asimismo, se interesó por la teoría psicoanalítica de Freud y la psicología del individuo de Alfred Adler (llegó a trabajar como voluntario en un hospital de niños con Adler en 1920).

Sin embargo, lo que más impactó al joven Popper fue un curso que llevó sobre la teoría de la relatividad con el mismísimo Albert Einstein. Como explica Stephen Thornton, la predominancia del espíritu crítico de Einstein y su casi total ausencia en el marxismo, el psicoanálisis y la psicología del individuo le impresionó.

(Karl Popper. Foto: Lucinda Douglas-Menzies) 

El mismo Popper en “La Ciencia: conjeturas y refutaciones” nos cuenta que durante el verano de 1919 se empezó a sentir cada vez más insatisfecho con estas tres últimas teorías, al contrastarlas con la teoría de la relatividad.

Es importante recalcar que ambas teorías psicológicas (las de Freud y Adler) y el marxismo usan datos empíricos para sustentar sus afirmaciones. De hecho, Popper afirma que sus amigos, admiradores de Marx, Freud y Adler, estaban impresionados con el poder explicativo de estas teorías: “estas teorías parecían poder explicar prácticamente todo lo que sucedía dentro de los campos a los que se referían”. Y, además, “el mundo estaba lleno de verificaciones” de estas teorías. Todo lo que ocurría las confirmaba, cuenta Popper.

Esta característica de poder explicativo y confirmatorio total llevó a Popper a asemejar estas teorías a los “mitos primitivos” en contraste con la ciencia. En efecto, uno puede pensar en los mitos antiguos de esta manera: tanto las catástrofes, como las buenas cosechas o las victorias bélicas, podían explicarse por la voluntad de los dioses. Todo hecho podía explicarse en estos términos. Incluso, si una persona realizaba una proeza (como los héroes de la Ilíada), esta podía ser atribuida a la ayuda divina.

De la misma manera, sostiene Popper, todo suceso histórico podía interpretarse desde el marxismo: “un marxista no podía abrir un periódico sin hallar en cada página pruebas de su interpretación de la historia”, cuenta él. Sin embargo, probablemente un ejemplo más claro sea el que nos da sobre las teorías de Freud y Adler.

Imaginemos el siguiente caso que construye Popper. Un hombre empuja a un niño al agua con la intención de ahogarlo y otro sacrifica su vida en un intento de salvar al niño.

Este caso puede ser explicado de maneras muy distintas por la teoría de Freud y la de Adler. Freud, por ejemplo, diría que el primer hombre sufre de una represión (parte del complejo de Edipo), mientras que el segundo había realizado una sublimación. La teoría de Adler, por otro lado, sostiene que ambos hombres sufren de sentimientos de inferioridad.

El problema es que este mismo caso puede explicarse sin ningún problema por ambas teorías. Sin embargo, para Popper, no es posible dirimir cuál de ellas es verdadera. Esto porque tanto la teoría de Freud como la de Adler siempre podrán explicar cualquier situación, de la misma manera que diferentes mitos siempre podrán explicar cualquier fenómeno desde su propio marco conceptual. ¿Qué caracteriza entonces a la ciencia si no es la corroboración en la experiencia?

El falsacionismo

En “La ciencia: conjeturas y refutaciones”, Popper explica que, en su época, era comúnmente aceptada la idea de que la ciencia se distinguía de la pseudociencia “por su método empírico, que es esencialmente inductivo, o sea, que parte de la observación y la experimentación”. ¿Qué significa esto?

La inducción es un método para llegar a conclusiones a partir de observaciones particulares. Por ejemplo, infiero que todos los cuervos son negros, ya que siempre que he visto uno ha sido de color negro.

De esta manera, los científicos y filósofos de la época de Popper convenían en que la ciencia funcionaba de esta manera: hacían una serie de observaciones que apuntaban a cierta ley del universo. Por ejemplo, dado que los objetos siempre son atraídos por la tierra, debe haber una fuerza que jala los objetos a otros cuerpos con masa. Sin embargo, Popper creía que esta idea estaba equivocada: la ciencia no funciona de manera inductiva. ¿Cómo funciona entonces?

Para Popper, lo fundamental de una teoría científica es la falsabilidad; no la inducción. Su idea es que las verdaderas teorías científicas establecen condiciones bajo las cuales son falsas. En sus palabras, “toda buena teoría científica implica una prohibición: prohibición de que sucedan ciertas cosas”. De esta manera, cuando se testea (o se prueba) una teoría, no se está buscando confirmarla, sino todo lo contrario: se busca refutarla. Cuando los científicos hacen experimentos, tratan de probar que aquellas cosas que la teoría prohíbe suceden: si no lo pueden hacer, entonces la teoría se confirma. Veamos un ejemplo.

En 1919, aún no se sabía si las teorías de Einstein eran verdaderas. El físico alemán proponía algo completamente novedosa: la gravedad no es una fuerza, como había sostenido Newton, sino una curvatura del espacio y el tiempo (esto suena complejo, pero no es necesario para entender el ejemplo). La idea en general es que los cuerpos con masa, como los planetas y las estrellas, distorsionan el espacio. Esta distorsión del espacio produce fenómenos como la atracción de los cuerpos y que los planetas orbiten alrededor del Sol.

Esta teoría predecía que la fuerza de gravedad del Sol distorsionaría el espacio de tal forma que veríamos la luz de ciertas estrellas en una posición alterada, tal y como se ve en la imagen anterior. Sin embargo, además de ser una predicción jalada de los pelos en esos tiempos, esto no se podía comprobar fácilmente en la época. Fue necesario que ocurra un eclipse solar para poder realizar el experimento. El 29 de mayo de 1919, astrónomos británicos lograron fotografiar el fenómeno y comprobaron la teoría de Einstein. O, mejor dicho, no lograron refutarla: las estrellas efectivamente estaban en una posición alterada.

Lo interesante, dice Popper, es el riesgo implicado en esta predicción. Hasta ese momento, las personas concebían la gravedad como una fuerza; no como una distorsión del tejido de la realidad. Las predicciones de Einstein eran sumamente riesgosas para la época. Si las fotografías no mostraban a las estrellas en una posición alterada, entonces esta teoría hubiera sido refutada.

Esto diferencia esencialmente las teorías científicas de las no científicas o pseudocientíficas. Para Popper, explica Thornton, las teorías científicas son prohibitivas: implica que ciertos eventos u ocurrencias están prohibidas de suceder. De esta manera, estas teorías pueden ser testeadas. Si el evento sucede, entonces serán refutadas. Si no sucede, luego de varios intentos de refutarlas, entonces se reconocerá que han sido corroboradas altamente, y se asumirán, temporalmente, como la mejor teoría para explicar un fenómeno.

En ese sentido, para Popper, los científicos no establecen sus teorías como verdaderas, sino como las mejores explicaciones que se tienen hasta el momento. Sin embargo, siempre está el riesgo de que sean refutadas en una siguiente observación.

De esta manera, la idea de la ciencia no es confirmar una teoría a través de la inducción. De hecho, no se hace una inducción. Los científicos no parten de un conjunto de casos particulares, para encontrar una explicación. Sino que, tan solo viendo un fenómeno (incluso por primera vez), ensayan ya una explicación que luego testean. Por el contrario, la pseudociencia no usa la experiencia para refutar, sino para confirmar sus hipótesis.

Problemas con el criterio de demarcación

Si bien el criterio de Popper nos permite tener una caracterización buena que diferencia a las disciplinas científicas de las pseudocientíficas, no está libre de problemas.

Hansson explica que su criterio de demarcación ha sido acusado, por un lado, de excluir genuinas teorías científicas y, por otro lado, de darle el estatus de científicas a teorías pseudocientíficas.

Con respecto a lo primero, el criterio de demarcación de Popper podría dejar fuera a ciertas disciplinas como las ciencias sociales o, incluso, teorías que intuitivamente consideramos científicas, como la teoría de la evolución. De hecho, Popper categorizó a la evolución de Darwin como pseudocientífica, a pesar de que luego se arrepintió y aseguró que era científica, pero difícil de testear.

(Cartas de Tarot. Foto: Pixabay)

Por otro lado, también deja abierta la posibilidad de que ciertas teorías pseudocientíficas sean finalmente científicas. Por ejemplo, Hansson afirma que el criterio de Popper haría que disciplinas como la astrología sean científicas, pues sus postulados y afirmaciones son refutables. Por ejemplo, las predicciones que hacen los astrólogos se pueden refutar: pueden no suceder. Aún así, mucha gente la sigue practicando.

¿Qué alternativas tenemos?

Si bien el criterio de la demarcación de Popper no es infalible, nos dice algo fundamental sobre las teorías científicas: la importancia de la refutación. Una teoría refutada por la experiencia es tomada como falsa, mientras que esto no sucede necesariamente en la pseudociencia.

Hansson explica que actualmente la mayoría de autores no propone un único criterio de demarcación, sino varios. Este autor menciona algunos, actuales, aceptados por filósofos de la ciencia para determinar si una teoría es pseudocientífica:

1. La creencia de que una persona o un grupo tienen una habilidad especial para determinar que algo es verdadero y otros tienen que aceptar sus juicios.

2. La confianza en experimentos que otros no pueden repetir con el mismo resultado.

3. El no querer testear una teoría para comprobar su verdad.

4. Pasar por alto observaciones o experimentos que entran en conflicto con la teoría (que la refutan).

5. El testeo de la teoría es arreglado para que la teoría solo pueda ser confirmada.

6. Las explicaciones refutadas son abandonadas sin ser reemplazadas por otra.

De esta manera, la mayoría de autores actuales sostienen que una disciplina no es científica, a pesar de que se apoye en la experiencia, si cumple con alguno de estos criterios. Como vemos, la refutación cumple un papel fundamental para determinar su estatus. En este caso, disciplinas como la astrología no serían científicas. Tampoco serían científicas, teorías como la homeopatía u otros tipos de medicinas alternativas.

Resumen

- Las teorías científicas son el cuerpo de conocimientos más seguros que tenemos actualmente. Por ello, es importante poder dirimir entre teorías científicas, de otras que se hacen pasar por científicas.

- Lo que diferencia a la ciencia de otras disciplinas no es necesariamente la experiencia.

- Para Popper, lo que diferencia a la ciencia de otras disciplinas es que las teorías científicas establecen sus condiciones de refutación.

- Algunos autores, sin embargo, señalan que el criterio de refutación deja fuera algunas teorías científicas y categoriza como científicas a teorías no científicas.

- No obstante, la refutación cumple un rol fundamental en la ciencia: cuando una teoría es refutada, se abandona, mientras que esto no ocurre necesariamente en la pseudociencia.

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